martes, 23 de febrero de 2010

"LA CANTINA DE LA LEONA" (1º parte).

La Estación Espacial AC-3 se ubica en los confines de nuestro sistema solar, más allá de la órbita del planeta enano Plutón. De forma cilíndrica y con una gravedad muy estable, es lugar de visita ineludible para aquellas naves interestelares que pretenden iniciar su singladura en pos del hiperespacio.

Dichas naves pueden aprovisionarse a fondo en la estación, adquiriendo los más diversos productos necesarios para garantizar un viaje grato y placentero. Varios gigamercados se encargan de satisfacer al más exigente consumidor.

La Estación Espacial AC-3 ofrece también actividades y establecimientos dedicados al ocio, para que los tripulantes y pasajeros de paso empleen su tiempo libre y se diviertan a sus anchas con un amplio abanico de lúdicas posibilidades.

Uno de estos locales que brindan entretenimiento al visitante es "La Cantina De La Leona." De modestas dimensiones, es ante todo un sitio íntimo, agradable, acogedor…

La cantina toma su nombre de una enorme leona del Atlas disecada por algún malévolo taxidermista, que se alza altiva sobre una plataforma de centelleante acero, dominando a la concurrencia. La clientela se agrupa en torno a pequeños veladorcitos circulares, iluminados tenuemente mediante lamparillas de mesa que emergen en el centro de los mismos. Los citados veladores bordean un minúsculo escenario desde el cual algunos artistas deleitan al variopinto público con sus actuaciones.

El tequila corre a raudales cuando Lola sube a ese escenario, enfundada en un ajustadísimo traje negro de charro con las botonaduras de plata. Luce asimismo, un pesado sombrero mexicano con bordados de pedrería, sobre su brillante melena del color del azabache.

Apenas comienza a entonar un corrido, esta mariachi  femenina, recibe ya una primera ovación de los espectadores que abarrotan el garito. Es la estrella indiscutible del lugar y a su vez la propietaria del mismo. Hubo un tiempo en que compartió con su marido la regencia del pequeño cabaret, pero él se fue con otra fémina más joven, dejándola sola, abandonándola a merced de sus incondicionales seguidores. 

Empero Lola no se arredra ante nada, es una mujer fuerte, hecha a sí misma y confía en Tiké, la diosa Fortuna, aquélla que ya le proporcionase la dicha de conocer a su nuevo amado. Un amor inconfesado aún, secreto, que ella guarda celosamente en lo más profundo de su ser.

Y ahora él está ahí, frente a ella, sentado ante una de las mesillas, justo delante del escenario. La mira embelesado, con los ojos húmedos, con los labios entreabiertos, esbozando una ligera sonrisa y aplaude con fuerza, con fiereza, cuando Lola, tras un breve saludo, emite las primeras notas de su canción.

Él también la ama, como amó a otra Lola, a su Dolores, su compañera de tantos años difíciles, mujer de excepción, una de entre un millón... Su Lola tenía los más arrebatadores ojos verdes que él nunca hubiera visto. Una mirada felina, rasgada, hechizante…mas también se fue un día. Partió sin previo aviso a bordo de una embarcación vikinga…
CONTINÚA EN LA ENTRADA ANTERIOR (MÁS ANTIGUA).

Pintura: "La gitana durmiente", 1897, Henri Rousseau.

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